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Sobre STC...

Sic Transit Chamaeleonidae (o Así Transita el Camaleón) es ver la vida como un colorido y rapaz reptil. Cambiante, inconstante y a veces exasperante, este camaleón tiene una sola pregunta en la boca: ¿Qué puede cambiar la naturaleza de un hombre? La respuesta, por algún lado en estas líneas.

Por Venezuela, no sus "venezolanos"

Esto lo escribí el 6 de abril (continuando con las cosas viejas, pero rescatables), luego de la protesta por el asesinato de los hermanos Faddoul que partió desde la UCV y que reunió a casi todas las universidades caraqueñas. Sigo manteniendo mi posición desde aquel entonces.

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Antes de comenzar a escribir esto, y antes de que ustedes comiencen a leerlo, quiero informarles de mi estado de ánimo en estos momentos: Me siento indignado, deprimido, arrecho y desilusionado. El por qué, pasaré a detallarlo a continuación.

Ahora, con eso fuera del camino, comienzo con una pregunta: ¿Haz perdido tus ganas de vivir, Venezuela? Mi respuesta a esa pregunta entristece. Agrego otra del cerro de incógnitas que se deslava desordenado en mi mente: ¿Eres realmente el reflejo de tu gente, es decir, esta cuerda de insensibles que pueden ver las fotos de 3 niños, un conductor y un periodista asesinados a mansalva a través de sus televisores, sin sentir un ápice de indignación por el estado de su país?

Ajá, y si me vienen a decir que sí se sintieron indignados, dolidos y molestos, ¿qué hacen en sus casas? ¿Por qué no están en la calle, quemando un caucho o gritándole al gobierno y a la desidia generalizada, que ha permitido que esas imágenes sean lo que una cámara capta de una horrible realidad? Entonces no están indignados. Si lo hicieron, si salieron, trancaron una calle y se pusieron rojos de la furia porque nos estamos dejando violentar, porque nos estamos dejando matar como carneritos, entonces con ustedes no va la cosa. Al contrario, ustedes son la gente por la que de verdad vale la pena luchar. Lo que espero que recuerden es que la pelea no termina aquí, o luego de la curdita de Semana Santa. Hay que seguir. ¿Por qué? Simple: Por Venezuela.

Con los que no salieron, con esos indolentes que tienen barro en vez de sangre corriéndole por las venas: Es muy fácil criticar, llorar y darse golpes de pecho cuando es de la boca para afuera. Es muy fácil andar quejándose por ahí cuando no se mueve ni un meñique para hacer algo, cualquier cosa, al respecto. ¿Marchaste? ¿Protestaste? ¿Caceroleaste? ¿Le tiraste piedras a algún militar? ¿Disparaste un arma de fuego por lo que crees? ¿Firmaste? ¿Hiciste uso de tu libertad de expresión para decirle a quien te tenía que oir que estás arrecho porque esto es una mierda? ¿No? Entonces, cállate. No valen medio tus ideas o tus lágrimas de cocodrilo, porque eres carne muerta, un peso más que nos hunde a los que verdaderamente nos debemos llamar venezolanos: Los que queremos este país como a un hijo, como a un padre, como a una madre, por el que estamos dispuestos a dar la vida mil y una veces si es necesario. Es una deshonra tenerte entre los "conciudadanos".

Yo, en lo particular, pienso seguir luchando por mi país, Venezuela. Pienso luchar por esta tierra que me vio nacer, por esta sensación de orgullo que tengo en la garganta cada vez que canto el himno nacional, por la gente que está aquí y que vale la pena. No pienso seguir gastando mi sudor por ti, no pienso seguirte escuchando, hombre o mujer indolente, porque yo peleo por cosas que valen la pena. Y sí, sigo marchando -aunque, como dicen los que casualmente no hacen un carajo, no sirva para nada-, sigo protestando, sigo tirando piedras y quemando cauchos. Porque no voy a dejar que me roben mi país, que lo terminen de volver polvo, sin hacer algo al respecto. En cambio tú que estás a mi lado cuando nos batimos en la calle para hacer la diferencia, sigue conmigo, que parte de mi sudor -y mi sangre, si es necesaria- es para ti. La otra es para Venezuela, que al fin y al cabo es tuya también.

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