<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d12816454\x26blogName\x3dSic+Transit+Chamaeleonidae\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dBLACK\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://dfilth.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des_419\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://dfilth.blogspot.com/\x26vt\x3d-619709296617150485', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

Sobre STC...

Sic Transit Chamaeleonidae (o Así Transita el Camaleón) es ver la vida como un colorido y rapaz reptil. Cambiante, inconstante y a veces exasperante, este camaleón tiene una sola pregunta en la boca: ¿Qué puede cambiar la naturaleza de un hombre? La respuesta, por algún lado en estas líneas.

De la gente y sus máscaras domingo, agosto 24, 2008 |

Las máscaras son expresiones fijas y ecos admirables de sentimientos, a un tiempo fieles, discretas y superlativas. Los seres vivientes, en contacto con el aire, deben cubrirse de una cutícula, y no se puede reprochar a las cutículas que no sean corazones.

George Santayana, Soliquies in England and Later Soliloquies. 1922.

Antes de comenzar este texto, quiero abrir un pequeño inciso para explicar sus motivos con detenimiento, puesto que sus motivos son en parte son los míos propios, y nunca se entiende algo tan bien como cuando se conoce el punto de origen.

Últimamente mi tesis me ha llevado a abordar literatura sociológica que no hubiera tocado si el tema fuera uno más simple, más directo o más específicamente relacionado con lo que se supone la comunicación social debería revisar todos los días. Estoy -para resumir- buscando la creación de un estigma (atributo que hace de alguien una no-persona, un desacreditado social, un paria) en el huérfano latinoamericano por excelencia: El Chavo del Ocho. El cómo y dónde quedarían como material suficientemente extenso para otro post.

Para conocer sobre los estigmas por la ruta más expedita, he tenido que ponerme en contacto con la literatura pionera en este tema, que aún se sostiene como pilar de cabecera del campo de la microsociología. Dos libros sobresalen especialmente en esa área, ambos escritos por el sociólogo canadiense Erving Goffman: La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959) y Estigma: la imagen deteriorada (1961). En estos libros Goffman concibe a las personas como no se les había visto sino etimológicamente, en vista de que persona quiere decir, en griego antiguo, máscara.

Me tocaba un distanciamiento saludable de la computadora, que me permitiera alejarme temporalmente de la presbicia y otros males oculares propios de comienzos de la tercera edad. Culpable. Estuve viendo la primera temporada de la serie Dexter, originalmente estrenada en 2004, prohibida en Estados Unidos por su "fuerte contenido" y relanzada al mercado el año pasado. La serie caló, tanto, que ahora la tenemos en Latinoamérica a través de distintos canales de cable.

Les digo algo: la serie no ofrece un paseo agradable. Al final de la primera temporada sentimos compasión por un sociópata que, luego de más de 40 asesinatos -todos a asesinos como él, en una especie de retribución karmática mezclada con justicia antisocial-, se entera de que es un ser humano.

Aquí comienza mi reflexión, en el personaje de Dexter: como él mismo se llama en el 4to. capítulo, el "maestro de los disfraces". Dexter imprime sobre su cara una máscara que le convierta en un ser socialmente aceptado, merecedor de todos los derechos que el Siglo XXI de civilización occidental ha logrado alcanzar. Más aún, esta máscara le permite caminar como "lobo entre los corderos" y mantener a todos a raya, suficientemente alejados para que no huelan la sangre que se desprende de su figura.

Y es que Dexter está, según él mismo, vacío por dentro. Nada más que un armazón que camina por el mundo cumpliendo con un código que su padre adoptivo le enseñó para sobrevivir. Para matar y no ser detectado.

Creo que la admiración y simpatía inmediata que nos despierta Dexter no es casual. Es obvia, resalta como conejo ante las luces altas de un vehículo. Y se queda paralizada igual, enseñándonos su diminito cuerpo de asombro por estar ahí. Nos encontramos a nosotros mismos preguntándonos el cómo sentimos simpatía e identificación con un ser que comete, casi con satisfacción morbosa mezclada con una motivación cívica que no podemos racionalizar, el acto más deplorado por todas las sociedades del mundo. Nos horrorizamos, pero no dejamos la simpatía de lado. En algún nivel nos sigue molestando esa piedrita en el zapato.

La admiración y simpatía con (o mejor dicho, hacia) Dexter, como dije, no es en absoluto casual. En mi caso la razón me la dio la literatura que he estado revisando con una finalidad total y absolutamente distinta: Goffman dio en el clavo hace 50 y pico de años, cuando habló de las personas. En La Presentación de la persona en la vida cotidiana nos explica con detalle de qué va el ser humano: nada más y nada menos que una gran feria de Carnaval que dura toda una vida. Una máscara tras otra, asumidas con o sin esfuerzo, para poder dar alguna cara a la sociedad que apremia, al vecino mientras le presta azúcar, a la pareja cuando llega tarde de algún bar, a los hijos frente a la tarea de criarlos.

Las personas tienen varias personas por dentro, una hecha a la medida para cada situación. Se muestran diligentes y responsables con el jefe, se muestran cariñosas y solícitas con sus parejas, se muestran dispuestas a la cooperación absoluta con las autoridades. Se muestran. Se exhiben. Las personas son una vitrina social constante, invitando a todos a ver hacia adentro a través del vidrio polarizado, que permitirá que la vista del otro alcance hasta un punto, no más allá.

Las personas rotan interminablemente, dividiéndose como un fractal en distintas versiones, cada una con las características adecuadas para asumir lo que se espera de ella. Allí está el quid del asunto: las personas como máscaras no nacen por sí solas, se crean por necesidad. ¿A quién debemos el honor de hacernos partícipes de un mecanismo de presentación diaria tan viejo como el ser humano?

Respuesta simple: le debemos el honor a la anciana que anda con nosotros desde que racialmente somos quienes somos, la sociedad. El ser humano en condiciones naturales no existe, porque tal como nos concebimos ahora somos eminentemente sociales. Es una dualidad que se muerde la cola: la sociedad no existe sin el ser humano, y el ser humano no existe sin la sociedad. Y la sociedad nos pide que para cada una de sus facetas -es decir, para las distintas interacciones entre distintos seres humanos- juguemos según un grupo distinto de reglas.

Para usar una persona o máscara, es lo mismo, escogemos con cuidado nuestro vocabulario, cambiamos nuestro atuendo, modificamos nuestro comportamiento, incluso comenzamos a pensar como creemos que debe pensar una persona normal en esa situación social específica. Nos transformamos, cambiamos como un camaleón nuestros colores verdaderos, para mimetizarnos. Los estadounidenses tienen el término perfecto para esto: blend in, mezclarse. Sinónimo de transformarse completamente.

El concepto de normalidad en este caso es ejemplar para hablar de la sociedad. Ser normal, en resumidas cuentas, es actuar en la forma en que los otros integrantes de la sociedad esperan que cualquier individuo actúe. Tiene que ver, como lo dice Goffman, con un entendimiento tácito entre lo que se exige de las personas y lo que ellas ofrecen. En otras palabras, que la imagen virtual -lo que se espera- y la imagen real -lo que se tiene- estén en consonancia.

Cuando existe un conflicto entre la imagen virtual y la imagen real, la sociedad actúa imponiendo estigmas. Poco a poco la persona que no cumple con los rígidos dictámenes de ese grupo recibe el ostracismo como tratamiento. El violador de imágenes se avergüenza o se defiende, pero a fin de cuentas deja de ser una persona para convertirse en algo menos, algo no-persona. Claro ejemplo de que lo social tiene fuerza suficiente como para cambiar el estado de las cosas.

En el fondo, no somos más que un grumo en la mezcla social, pero sin nosotros la mezcla social se debilita. La hacemos fuerte, ella nos hace fuertes a nosotros. Dependemos mutuamente. Por eso usamos nuestras personas, nos prestamos para el juego y cambiamos todo en un santiamén para adecuarnos a la situación. El verdadero Darwinismo social.

Admiramos a Dexter porque es un maestro en el juego que nosotros jugamos a diario, dentro de nuestro super-yo. Su vitrina polarizada es mejor que cualquiera que nosotros podamos crear, porque está ahí todos los días de su vida, evitando cualquier intrusión a un mundo privado de significados ocultos. Nos sorprende su destreza para enterrar lo más aterrador y nos causa gracia su torpeza a la hora de emular lo que todos sabemos: lo socialmente correcto. El extraño que mira de fuera hacia adentro es mejor que nosotros en muchos aspectos. Él es el "político valiente", el imitador por excelencia, el perfecto actor.

Simpatizamos con Dexter porque, al saber que su persona es una máscara, si se la arrancaran no verían nada porque no hay nada. Está vacío, sólo un cascarón definido por un conjunto escabroso de hechos. Y tal vez en este punto no estemos simpatizando con Dexter, sino con nosotros mismos. Tal vez en este punto nos ponemos en su perspectiva, a preguntarnos qué sostiene las máscaras. En este punto generalmente termina la simpatía para transformarse en perturbación.

¿Qué haríamos si nos enfrentáramos a la realidad de que detrás de las máscaras no hay nada, que nos mezclamos por oficio, sin otra tarea más que hacer lo necesario para sobrevivir? ¿Es eso lo que somos en el fondo? ¿Una feria repleta de máscaras, cada una esperando ser usada para mejorarse? Si respondemos esas preguntas, se desmontaría la necesidad de la vitrina polarizada. Encontraríamos que no hay nada que tapar. Por este tipo de dudas, y no por las que tienen que ver con la destrucción de la sociedad, es que Dexter nos aterra. Son muchas las interrogantes y muy pocas las respuestas.

Mi motivo final para escribir este texto fue que Dexter
y Goffman han corroborado que quiero dedicar mi vida a estudiar las personas, las máscaras. Tal vez, si entiendo las personas y su funcionamiento, pueda entender lo que hay detrás de ellas... Lo que me da miedo, lo confieso, es encontrarme repentinamente con un gran vacío. Conseguir que todos los seres humanos, en el fondo, somos distintas personas pero nadie en realidad.

Los mantendré actualizados en cómo va mi búsqueda.

Haiku sábado, marzo 22, 2008 |

El viento silba
canciones de penumbra.
El sol huye solo.







Los árboles salen
de semillas negras:
Anochece pronto.







Agua fría corre
bajo el sauce de río.
Viene el hielo.

Readaptation // Cambiando cristales martes, marzo 11, 2008 |

"Adaptation is Nature's answer to the change of times"
-
Charles Darwin, The Origin of Species

Nadie dijo que los procesos evolutivos eran fáciles. Años y siglos de prácticas para que las cosas salgan bien... o sólo un poco mal, lo indicado para perderse de la superficie del planeta Tierra. Dos opciones completamente cerradas, sin alternativa alguna al ya dilema existencial. Y es que el mundo que espera el resultado es lo suficientemente salvaje y decidido como para hacerlo suceder.

Todas las razas están marcadas a evolucionar, incluso la humana, aquellos que nos hemos ganado el tope de la pirámide alimenticia a punta de artimañas y pequeñas traiciones. Y la humana ha salido finalmente de la jungla vegetal para adentrarse en la de concreto, mucho más pavorosa en sus estrategias de conquista. El concreto obliga a crecer, a crecer o a crujir al ser con todo el peso de sus Instituciones.

Las especies prueban fórmulas adaptivas como algoritmos variables. Los humanos también, sus algoritmos tienen fechas y épocas. Precisión matemática con indeterminación idiosincrásica. Incluso van más lejos y establecen un rango de resultados, en el que se ha de encajar para no ser mentado fallo de ecuación, despeje errado, desperdicio de números. Lápida de concreto sobre garabatos en un pizarrón.

Los nuevos experimentos de la Naturaleza traen su coraza protectora, una cáscara que evita la presión del concreto el tiempo suficiente como para poder aguantarla por medios propios. Esta cáscara cristalina distorsiona la visión de la Tierra, haciendo creer al nuevo experimento que va armado al encuentro del resto de su vida, cuando su única arma era la defensa que acaba de perder. Es entonces cuando el cambio de cristal es necesario: construir uno nuevo a modo de coraza más personal, armadura individual, para enfrentar la Tierra real, sin polarizaciones.

En este nuevo cristal la verdad se refleja distinto que en el globo protector de antaño, las luces se decantan de otra forma y los ojos parecen mentir al comienzo. Luego se adaptan, nuevamente, como todo el cuerpo, a los nuevos resplandores, y la memoria es rápida en desechar los espejismos de antaño, medias tintas recogidas en el globo.

A veces, cuando el nuevo ser voltea a ver los restos de su antiguo hogar, se siente extrañado de alguna vez haber habitado ese cristal ahora tan irreal, tan artilugio de la Naturaleza para prevenir la locura. Muchos pedazos quedan atrás, inútiles, inertes, dispensables, y no hay nada que los resguarde más que la nostalgia de la seguridad, lejana al significado. La batalla ahora es por la evolución, la evolución en la amenazadora, pavorosa y traidora jungla de concreto que los ancestros han labrado con cariño al nuevo experimento.

- Bon chance, mein sonne-, sacuden sus sombreros.

2008 Incertidumbres domingo, febrero 03, 2008 |

Lamento que el primer texto del año en este blog sea en extremo pesimista. O no tanto pesimista, sino más bien crudo. Como el sushi, o la carne de la bestia de turno. La cosa que me sale de las entrañas mismas, endógenas en su producción de bilis.

Pasando ya a cuestiones ortográficas, el punto es que este año trae en su seno una cantidad de incertidumbres, donde todo podría suceder tan seguramente como la inseguridad del suceso. He llegado a dudar hasta de las cosas más fundamentales -incluyendo claro la seguridad alimentaria, que el presente gobierno ha puesto en jaque con unos enroques fundamentados en economía importadora aparentemente Todopoderosa, pero realmente convertida en gigantesco monedero. A la lista de dudas se suman ítems de mi vida personal que consideraba hechos y derechos, enfilados hacia la concreción. Se me caen las vasijas de los paradigmas, y me corto tratando de rearmarlas.

Pero creo que no es un fenómeno únicamente mío: todo el país anda en esto de verse invadido por una incertidumbre perenne. La predicción es un papel fundamental de los planes, pero el cómo hacer planes en un país donde la predicción es juego de faquires, tahures y astrólogos, sale de mi comprensión. Y sin planes, incertidumbre es la comida principal y única. Verdaderamente ahora sí navegamos sin rumbo definido, lejos de amainar las velas en un puerto tranquilo. Tenemos cólera a bordo del barco, un capitán enloquecido por los truenos y una carga valiosa por la que van todos los corsarios.

Y ya no sé. De verdad que ya no sé nada en lo absoluto. La falta de certezas me devora por dentro. La duda carcome mis ganas de actuar. Están cambiando todos los vientos, llevándose los olores que reconocía, reemplazándolos con unos a los que todavía no me acostumbro, tal vez esencias exóticas o cañerías con desechos inusitados. Ya explico ese saborcito amargo del Primero de Enero, luego de las uvas y el whisky para dormir entre fuegos artificiales.

Simplemente no sé, y detesto no saber. Siempre lo he detestado.

Felices 2008 Incertidumbres.

Etiquetas: , , ,

The ill predicaments of self-knowledge // Introspección sábado, diciembre 08, 2007 |

En un inacabable proceso de retroalimentación, el tormento trae sabiduría, y la sabiduría trae tormento. En un círculo vicioso de flechas -tan confusas/con tanta certeza-, aprendo la vida cada día a través del arte de vivirla; la paladeo para distinguir los sabores y conocerlos la próxima vez que pasen por mis papilas gustativas. En ocasiones, sin embargo, comienza el dilema de mis papilas que no son sólo papilas, sino neuronas especializadas en el guardado de información. Y a veces les salen axones, electrocutando mi existencia.

La Sabiduría proviene de vivir. Los ancianos son apreciados en las culturas superiores por haber vivido suficientemente bien como para llegar a ancianos. Ahora en el Siglo XXI es más fácil ser anciano, pero a la vez más difícil. La llamada telefónica no es lo mismo que el abrazo de un hijo, un sobrino o un nieto, especialmente cuando se les oye a través de un aparatito color piel. Y sin embargo, el hecho de haber recorrido por tanto tiempo los vericuetos de la vida, con sus eternas ramificaciones fractales, es suficiente logro como para ganar la admiración del joven.

El Tormento proviene del vivir. Las miríadas de posibilidades, negativas, positivos, sumas y restas, alzadas de cabeza y vistas concentradas en las estrellas producen este sentimiento de todo y nada concentrado en dosis de neurosis. La administración a cuenta gotas o en torrentes depende de la circunstancia; determinar cuántas circunstancias posibles es contar las mismas estrellas que pasan por nuestras miradas, oscilantes o fijas, ante la tensión de nuestro cansado cuello. Músculos estelares, tal vez.

La Sabiduría produce Tormento, el Tormento produce Sabiduría: a y b en una ecuación donde la perpetua incógnita es el significado. El por qué, para qué y el quién, especialmente el quién, se acercan peligrosamente a la resolución pero no terminan de despejarse. Descifrar una es descifrar las otras dos, curiosidades matemáticas dignas de Baldor.

Conocer alguno de los múltiples valores (nótese conceptos, aproximaciones, hipótesis y tesis) que componen el quién es un enfrentamiento seguro con el Tormento para hacer Sabiduría, manufacturarla como savia fundamental. La noticia del pequeño fragmento conocido, de energía condensada en moléculas de ATP -Adición al Tormento Pasado- genera síntesis sav(b)ia que revitaliza la vida, pero crea la necesidad de más ATP en un proceso energético perpetuo, donde la fotosíntesis estelar es de las cosas más importantes.

Y es que en términos ignorados por la autoayuda, conocerse a uno mismo genera una definitiva exposición a una grandísima dosis de Tormento. Porque no se trata de un viaje pre-planificado, otrora agencia de viajes. No: los baches pueden resultar profundos y abismales, generando temor de lo que arrastra su vientre contra el fondo de las aguas fangosas. Encontrar alguna de las partes del ser que se dibujan difuminadas en el barro puede resultar en apuntar el dedo al pescadito equivocado, yin o yan pero el negro y no el blanco. De repente el pescado negro se convierte en aterrador monstruo antedeluviano.

Y en conocer el quién, se conoce el qué. ¿Qué podemos hacer cuando se caen los escudos de la ética, el súper-yo y el qué dirán, escudos por demás formulados para otros y no para nosotros mismos?

Conocer los límites y su trasgresión es Sabiduría, pero genera el Tormento de saberlos ciertos y saberlos frágiles. Y entramos de nuevo en el anciano círculo de retroalimentación neuronal / papilar, que lleva ecuaciones de procesos fotosintéticos con la luz de los astros celestes, asentando la Tierra de las aguas y aclarando los peces.

What might become?

Un pantano llamado Venezuela (VI) lunes, noviembre 26, 2007 |

VI. Reformar o Deformar: he ahí el quid

Está bien. Lo acepto. Tenía el blog olvidado. Las muchas quejas que he recibido por falta de letras de mi parte están totalmente justificadas, y mis explicaciones de estar metido hasta el cuello en la política universitaria y nacional no desmienten mi falta de compromiso con este reducto de bytes. Lo lamento, me arrepiento, extrañé sobremanera el tiempo para sentarme acá a filosofar. Eventualmente les contaré sobre mis experiencias de exploración macoyística (adj.) politiqueo de elecciones.

Sin embargo, creo que la coyuntura actual venezolana no llama a arrepentimientos, ni a charlar amistosamente sobre experiencias pasadas: es muy tarde para estos ejercicios retóricos. Lo que no está muy tarde es el llamado a votar y la discusión al respecto. Sea por SI o por NO, votar se hace lo más importante de toda la circunstancia que vivimos. El que se atreva a decir que no va a "desperdiciar su voto" es un profundo desconocedor del juego democrático. Y este es un juego, amigos, donde no nos podemos dar el lujo de desconocer o faltar a las reglas... de hacerlo, desmerecemos habitar esta sociedad.

Ahora entremos en la discusión. Las líneas siguientes, y hago la acotación a modo de advertencia, van a ir dirigidas a argumentar desde una perspectiva netamente política el por qué hay que votar clara y rotundamente NO este domingo. Si usted es de los que deja de leer las cosas en el momento que no le gusta la postura de comienzo del que escribe, está todavía a tiempo de ahorrarse unos cuantos mililitros de bilis. Si por el contrario, lee las cosas para formarse una opinión balanceada, moderada e informada para forjar su decisión electoral, lo invito a continuar leyendo.

Comencemos por el principio que rige este proyecto de Reforma: la traición. Sí, este proyecto de Reforma es la manifestación escrita del Presidente Chávez al Proyecto Bolivariano que ganó las elecciones masivamente en 1998. Recuerdo claramente, aunque sólo tenía 13 años, la promesa electoral de "más poder para el Pueblo" y "ayudar a los desfavorecidos". Ambas cosas se quedaron en el camino, en algún lugar, debajo de alguna cerca de Chachopo, durante los paseos bajo la luna que tan poéticamente inspiraron la propuesta del Primer Mandatario. Porque seamos claros: una revisión somera de la primera tanda de 33 artículos -los originalmente "chavistas"- hace ver que el Presidente aparta de un plumazo al Pueblo de su capacidad de decisión, situándose a sí mismo prácticamente como Poder Constituyente. En este sentido, entre otras cosas:

  1. Decide todo el futuro electoral nacional -al poder disponer de todos los fondos de la nación para llevar sus propias propuestas electorales- (Art. 67);
  2. Designa cuáles son los grupos humanos capaces de "ejercer la soberanía" (Art. 184);
  3. Controla el erario público, invirtiéndolo como le dé la real gana -literalmente- (Art. 318);
  4. Dispone de la Fuerza Armada Nacional, controlando quién tiene méritos suficientes para ascender y quién no (Art. 236);
  5. Construye ciudades con palabras, elige los gobernantes con su Sagrado Dígito y en el proceso ignora los problemas reales de las viejas ciudades -como hambruna, inseguridad y falta de trabajo- (Art. 16);
  6. Crea los mecanismos para convertirse en el Eterno Mandatario (Art. 230);
  7. Establece quién puede tener qué cosa y cómo debemos redimensionar la propiedad, olvidándonos de los adelantos que hemos hecho en esta dirección desde la época de las Cavernas (Art. 115).
Sea cual sea la postura -democrática, porque sólo desde otro punto de vista es justificable esta Reforma-, por el principio de la alternabilidad de poder, por la profunda creencia en la soberanía popular y el Derecho Universal de la Autodeterminación de los Pueblos, deberíamos repeler esta propuesta. Y si agregamos a esa pócima de ilegitimidad la violación de 2 años de lapso constitucional para discutir el cambio de algún artículo, además del cambio de espíritu democrático a "Socialista del Siglo XXI" -que a sabiendas ciertas de verdad verdad nadie sabe de qué va-, tenemos una Constitución nueva... ¿y saben cómo se hace una Constitución nueva? Pues no con una Reforma.

Pero al final, Querer o No Querer, esa es la cuestión. O al menos parece serla... y no lo es. En lo absoluto. El "yo te quiero, Mi Comandante" o "Te aborrezco, simio degenerado" sale completamente del debate de votar por el SI o por el NO. Más aún, lo grave de todo el asunto es que hay todavía venezolanos que van a ir a la mesa electoral pensando en una u otra cosa. Aceptar o no la Reforma Constitucional va más allá de nuestras más profundas añoranzas despertadas por culebrones de Delia Fiallo: es una decisión profundamente importante, capaz de darle un vuelco vertical, horizontal y diagonal a la estructura organizativa nacional. ¿Y vamos a dejarle esa trascendental presionada de botón a las hormonas del día? La imprudencia corre rampante por los Jardines del Señor.

Mi invitación como blogger que se suscribe al Blog Action Day es que vayan a votar. Por el SI o por el NO, pero vayan a votar. Si creen que están botando el voto, pues consideren que si no van están botando la democracia. Infórmense, pongan el despertador y el 2 de diciembre, todos trasnochados o descansados, pero todos, en la cola de su centro electoral listos a oprimir un botón, un solito botón, por el bien de su nación. Creo que no es mucho pedirles, ¿verdad?

Pensamientos al azar... domingo, octubre 07, 2007 |

Terminó. La lucha de mi abuela por irse de esta Tierra terminó. Murió hoy a las 7 de la noche (un 7 de octubre del año 2007, habiendo nacido un 27 de marzo de 1927 y siendo el 7 su autoproclamado número de la suerte). Tuvo 2 últimos años muy injustos, en mi opinión... una mujer tan enérgica, que durante toda su vida hizo prácticamente lo que le dio la gana, se vio desvalida frente a la muerte de su esposo, mi abuelo, con quien anduvo recorriendo el mundo y transformándolo como quiso por 52 años. Puede sonar un poco frío, pero creo que es lo más justo que ha podido pasar.

Mi abuela nunca aceptó que mi abuelo se murió en mayo de 2005. Sostuvo todo el tiempo que él se había ido en un viaje a Valencia, y que no la había llamado en los pasados 4 días (por qué 4 días, siempre me lo preguntaré). Aún hoy, 2 años y tantos meses después, mantenía la misma historia. Hay que amar a alguien con demasiada profundidad como para entrar en una crisis de negación tan arrecha. Y con razón... en estos momentos el agnosticismo se me va al carajo cuando creo a pies juntillas que mis viejos están juntos de nuevo. Como en el sueño que mi papá tuvo hace dos días: subiéndose a un buque desconocido, despidiéndose de nosotros para emprender otro de sus fantásticos viajes.

Mi abuela, la mujer que nació en Puerto Cabello y se sumergía cientos de metros a puro pulmón; la que vino a Caracas y fundó muchas organizaciones de damas proactivas y aguerridas; que acompañó a mi abuelo en su lucha por reivindicar a los niños pobres de Mérida, la educación católica y el servicio a la sociedad; que recorrió junto a mi viejo todos los mares del mundo para, entre otras cosas, reunir la tercera colección de caracoles más grande de este lado del globo; que se convirtió en la primera dama en escalar el Pico Bolívar, con el busto del Libertador a cuestas, y que además de todo eso consiguió criar 4 hijos más otros 6 adoptados, ya descansa de una vida tan ajetreada. O quién sabe, conociéndola probablemente anda de nuevo buscando lo que necesite hacerse.

Y a todas estas, yo estoy tranquilo. Triste, pero tranquilo. Sigo creyendo que una vida más plena no se puede tener, sigo creyendo que de seguro los dos compinches de vida se juntaron de nuevo luego de la vida para ponerse a inventar nuevas exploraciones. Extraño a mis abuelos, a esos seres indivisibles que me enseñaron a nadar, a escribir, a acampar, a arriesgarme, a manejar carros, lanchas y mi vida con ética, pero me alegro de que se vean las caras de nuevo. Espero hacerlos sentirse orgullosos de quién soy, quién seré y lo que lograré. Si les llego a los talones, habré hecho lo suficiente para dos ó tres vidas consecutivas.

Alita, More, están conmigo a donde vaya. Gracias por el mejor ejemplo que se puede tener de grandes vidas y gran vida.

About the Chamaeleonidae...

The sphere wrinkles in your hands, the skin of the sphere peeling away into tears and turning into a rain of bronze that encircles you. Each droplet, each fragment that enters you, you feel a new memory stirring, a lost love, a forgotten pain, an ache of loss - and with it, comes the great pressure of regret, regret of careless actions, the regret of suffering, regret of war, regret of death, and you feel your mind begin buckling from the pressure - so MUCH, all at once, so much damage done to others... so much so an entire FORTRESS may be built from such pain. And suddenly, through the torrent of regrets, you feel the first incarnation again. His hand, invisible and weightless, is upon your shoulder, steadying you. He doesn't speak, but with his touch, you suddenly remember your name. ...and it is such a simple thing, not at all what you thought it might be, and you feel yourself suddenly comforted. In knowing your name, your true name, you know that you have gained back perhaps the most important part of yourself. In knowing your name, you know yourself, and you know, now, there is very little you cannot do.