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Sobre STC...

Sic Transit Chamaeleonidae (o Así Transita el Camaleón) es ver la vida como un colorido y rapaz reptil. Cambiante, inconstante y a veces exasperante, este camaleón tiene una sola pregunta en la boca: ¿Qué puede cambiar la naturaleza de un hombre? La respuesta, por algún lado en estas líneas.

Reflexiones sobre la energía miércoles, agosto 30, 2006 |

Es increíble cómo la vida cada vez se va haciendo más camaleónica / selvática / irónica. Es increíble cómo demuestra que la energía se gasta inútilmente, de forma irremisiblemente ridícula. Y no hay vuelta atrás. Claro, como nos dicta la física que tan poco se aplica al proceso de vivir, la energía no se extingue ni se crea, sólo se transforma, pero la energía transformada generalmente no le sirve a uno para un pepino. Es simplemente una inversión en un banco que no promete seguridad, tasas de interés fijo o planes crediticios. No ofrece nada fuera del azar. Gamberra ruleta donde el 00 es muchísimo más que una probabilidad: es una certeza.

También, la vida demuestra que peor que invertir en una empresa controlada por Orlando Castro es invertir energía en tiempo mental, en tiempo de espera. En esperanza, tal vez. El camaleón se mueve por acciones, no por palabras y mucho menos por pensamiento, por tontas emociones humanas. Hay inversiones que nunca generarán ganancias, intereses o cualquier beneficio, porque fallamos en La Bolsa, o probablemente porque somos Bolsas. No queda otra explicación.

Más aún, la energía se transforma pero no transforma personas, al menos no en planos distintos al físico. Pensar que las personas pueden cambiar por dirigirles un flujo de energía bien entonada / mal encarada es querer torcer cucharas con la mente cuando se es un ratón. Como dice el viejo adagio del pesimista nato: "la gente no cambia". Francamente, no entiendo por qué no nacemos con el aprendizaje de nuestros ancestros pesimistas incrustado en el cerebelo, como línea carcelaria que limite al Yo freudiano. Así ahorraríamos tanto, pero tanto, en gastos energéticos... Tal vez tendríamos que comer sólo semanalmente.

Si almacenáramos toda la energía que gastamos de esta forma, seríamos reactores nucleares andantes. Pharmaton, Centrum y Red Bull a la basura, party all night long. Pero lamentablemente, nos encantan los desechos, la mala utilización, la completa ignorancia del poder del reciclaje. Preferimos desperdiciar un recurso tan valioso como la energía en cosas tan nimias como la esperanza.

No hay más palabras que estas: qué desperdicio de energía somos.

Failures at communicational processes cause kamikaze attacks // Reflexiones sobre la (des)información |

Otro artículo viejo, pero que puede servir para la reflexión.

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Estoy seguro de que Pearl Harbor comenzó por algún error en las comunicaciones internas de Japón. Probablemente algún japonés dijo: "Oh, los norteamericanos hacen zapatos de porquería" al ver sus Nike con un hueco en la suela, otro lo escuchó y pensó automáticamente: "Es cierto, los norteamericanos son una porquería", y resulta ser que ese que se figuró que los norteamericanos eran una porquería tenía un amigo que era consejero del emperador Hiroito. El consejero, al escuchar tan profunda reflexión y al ponderar las posibilidades de una guerra contra la porquería norteamericana, la hizo saber al monarca, y el Emperador, obviamente, vio todas las aristas posibles de esa idea. Acto seguido, pum y aviones estrellándose contra un puerto, una nación y una ideología que ni de broma se esperaban un ataque transoceánico. ¿Consecuencia final? Japón destripado.

Quién sabe, tal vez la cosa haya sido así, una muestra de lo que logra una información mal dada, que se convierte en una bola de nieve (aunque en Japón no vean esas blancuras salvo en el tope del Monte Fuji), que termina por provocar una avalancha de acciones y que al final todos lamentan. Claro, siempre hay aspectos positivos, pero generalmente la metida de pata hace a alguien lamentarse de apresurarse en actuar o siquiera de haber imaginado tan idiota idea.

Todos vivimos en Japón y todos somos el japonés que escucha al otro quejarse por los zapatos Nike con la suela rota. Escuchamos a alguien que estimamos como una valiosa fuente de información, y los que nos damos el tortazo después somos nosotros. Y claro, pagamos con platos rotos y heridas de ego la (des)información de la otra persona. Por eso, los mejores para adquirir información somos nosotros mismos. Así por lo menos aseguramos que si terminamos como Japón -destripados-, será nuestra propia y única culpa. En lo personal, no confío en referentes más nunca. Así podré jugar mis cartas mejor.

Por Venezuela, no sus "venezolanos" |

Esto lo escribí el 6 de abril (continuando con las cosas viejas, pero rescatables), luego de la protesta por el asesinato de los hermanos Faddoul que partió desde la UCV y que reunió a casi todas las universidades caraqueñas. Sigo manteniendo mi posición desde aquel entonces.

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Antes de comenzar a escribir esto, y antes de que ustedes comiencen a leerlo, quiero informarles de mi estado de ánimo en estos momentos: Me siento indignado, deprimido, arrecho y desilusionado. El por qué, pasaré a detallarlo a continuación.

Ahora, con eso fuera del camino, comienzo con una pregunta: ¿Haz perdido tus ganas de vivir, Venezuela? Mi respuesta a esa pregunta entristece. Agrego otra del cerro de incógnitas que se deslava desordenado en mi mente: ¿Eres realmente el reflejo de tu gente, es decir, esta cuerda de insensibles que pueden ver las fotos de 3 niños, un conductor y un periodista asesinados a mansalva a través de sus televisores, sin sentir un ápice de indignación por el estado de su país?

Ajá, y si me vienen a decir que sí se sintieron indignados, dolidos y molestos, ¿qué hacen en sus casas? ¿Por qué no están en la calle, quemando un caucho o gritándole al gobierno y a la desidia generalizada, que ha permitido que esas imágenes sean lo que una cámara capta de una horrible realidad? Entonces no están indignados. Si lo hicieron, si salieron, trancaron una calle y se pusieron rojos de la furia porque nos estamos dejando violentar, porque nos estamos dejando matar como carneritos, entonces con ustedes no va la cosa. Al contrario, ustedes son la gente por la que de verdad vale la pena luchar. Lo que espero que recuerden es que la pelea no termina aquí, o luego de la curdita de Semana Santa. Hay que seguir. ¿Por qué? Simple: Por Venezuela.

Con los que no salieron, con esos indolentes que tienen barro en vez de sangre corriéndole por las venas: Es muy fácil criticar, llorar y darse golpes de pecho cuando es de la boca para afuera. Es muy fácil andar quejándose por ahí cuando no se mueve ni un meñique para hacer algo, cualquier cosa, al respecto. ¿Marchaste? ¿Protestaste? ¿Caceroleaste? ¿Le tiraste piedras a algún militar? ¿Disparaste un arma de fuego por lo que crees? ¿Firmaste? ¿Hiciste uso de tu libertad de expresión para decirle a quien te tenía que oir que estás arrecho porque esto es una mierda? ¿No? Entonces, cállate. No valen medio tus ideas o tus lágrimas de cocodrilo, porque eres carne muerta, un peso más que nos hunde a los que verdaderamente nos debemos llamar venezolanos: Los que queremos este país como a un hijo, como a un padre, como a una madre, por el que estamos dispuestos a dar la vida mil y una veces si es necesario. Es una deshonra tenerte entre los "conciudadanos".

Yo, en lo particular, pienso seguir luchando por mi país, Venezuela. Pienso luchar por esta tierra que me vio nacer, por esta sensación de orgullo que tengo en la garganta cada vez que canto el himno nacional, por la gente que está aquí y que vale la pena. No pienso seguir gastando mi sudor por ti, no pienso seguirte escuchando, hombre o mujer indolente, porque yo peleo por cosas que valen la pena. Y sí, sigo marchando -aunque, como dicen los que casualmente no hacen un carajo, no sirva para nada-, sigo protestando, sigo tirando piedras y quemando cauchos. Porque no voy a dejar que me roben mi país, que lo terminen de volver polvo, sin hacer algo al respecto. En cambio tú que estás a mi lado cuando nos batimos en la calle para hacer la diferencia, sigue conmigo, que parte de mi sudor -y mi sangre, si es necesaria- es para ti. La otra es para Venezuela, que al fin y al cabo es tuya también.

Epa, pequeño update... martes, agosto 29, 2006 |

Bueno, sé que no he actualizado este blog en los últimos... ¿2 meses? (Y lo que estaba poniendo antes era material viejo, así que no cuenta mucho). No he tenido tiempo, porque estoy en verano de Periodismo III, descubriendo más sobre el reportaje, dando mis primeros pasos (y feos tropezones) en ese arte, ocupado con un montón de tigres y una gran gama de etcéteras.

Para hacer este update algo realmente novedoso, les informo que subiré algunos de los reportajes que he escrito, con hiperlinks a los textos reales, porque son bastante largos y se tirarían todo el blog leyéndolos -y yo me tiraría todo el blog poniéndolos.

También continuaré la importación de textos del MSN Space, los medio rescatables será.

Este blog no se ha muerto.

Luis.

Despedida viernes, agosto 04, 2006 |


Coño, Julito, te me vienes a morir ahorita, cuando estoy peor que nunca con Alejandra y necesito tus consejos, hermano. Tú eras el único, junto con José Manuel, que entendía todos mis problemas. José Manuel anda por allá todo pálido y no ha dicho ni una palabra hoy, debe estar tan deprimido... es que tú eras nuestro mejor amigo, nuestro puente, hermano, el que siempre estaba ahí para los dos. Eras un santo, Julio, yo no entiendo por qué alguien haría esto contra ti, si tú no jodías a nadie nunca, ni siquiera molestabas. Chamo, sin ti me quedo solo, me quedo sin amigos, porque ya con José Manuel no puedo hablar como antes. Tú nos unías a los tres, éramos como uno solo, para arriba y para abajo. Ahora, ya ni sé de qué hablar con José Manuel. Tal vez lo de siempre, deportes, el trabajo, pero nunca de la vida como lo hacíamos, porque sabes que José Manuel siempre me ha dado un poquito de mala vibra. Estoy solo, hermano. Solo. Qué bolas todo esto, qué bolas... y lo más arrecho es que no es mi culpa. Bueno, tal vez sí es mi culpa, pero no era para que me diera un tiro, el muy degenerado. Y ahora anda por acá, con esa máscara blanca, haciéndose la víctima y el dolido. Qué falso, pana, qué hipocresía. Me metes un tiro y vienes con tu cara bien lavada a mi funeral, para mantener las apariencias. ¿No has podido decir que estabas enfermo, que tenías una diarrea o algo? No, claro que no, lo tuyo siempre ha sido la pantalla, pana. Deberías aprender de Román, que está allá junto a mi cuerpo botando cataratas por los ojos porque de verdad le duele. Eso sí es un amigo: a pesar de todos los problemas que tiene, me acompañó en la sala de emergencias, en terapia intensiva, hasta que me morí. La suya fue la última cara que vi. Y la tuya, nunca. Nunca la vi en el hospital.

Bueno, por lo menos todo esto me ha servido para saber quiénes son mis verdaderos amigos. Por allá está Fucho, que no ha parado de secarse las lágrimas con la corbata de Tasmania, qué personaje, hasta a los funerales trae esas corbatas ridículas. En cambio el desgraciado de Martín no le ha dicho un coño a mi mamá y no ha soltado el platico del buffet en todo el funeral. Ya debe haber repetido como tres veces. Ah, y el Edgar, por allá, que no me ha dado sus respetos y ha pasado todo el funeral cayéndole a mi prima Doris. Hay que ver que qué bolas la gente. Y mi mamá... qué demacrada está. Pobrecita... no se despegó de mi lado en el hospital, con sus 83 años... quisiera poder consolarla de alguna manera. Y todo esto no hubiera sucedido de no ser por el degenerado ese, estás tan pálido en ese ataúd, te ves tan pequeño, tan blanco. No puedo creer que estés ahí. Es mi culpa, chamo, es mi culpa, lo sé. Pero me dejé llevar, no era para menos. Traidor. No, no quería hacerlo, pero acababa de salir del trabajo y cargaba el revólver y el uniforme y la arrechera de esta ciudad donde nunca se resuelve un crimen, donde aparece el muerto pero no el asesino. Y yo lo hice también. Te prometo que termina el funeral y me entrego. ¿Qué le viste a María Gabriela? Nunca te gustó, me decías que era sólo para la cama, que era una vacía y una cabeza hueca. Entonces, llego a mi casa y te encuentro revolcándote con ella, mi mejor amigo en la cama con mi prometida. ¿Qué iba a hacer? Saqué el .38 y te apunté a la cabeza. Y tú me decías que no, que la puta era ella, que te había seducido, y ella gritaba, gritaba y lloraba. Yo también lloraba, Julio. Pum. Y ya. ¿Quién te mató, Julito? ¿Quién lo haría? ¿Quién me dejó sin mi mejor amigo, mi socio, mi compadre de la vida? Cuando se acabe el funeral le voy a pedir a José Manuel que te vengue, o sino que averigüe quién te disparó, hermano, que me diga quién fue para caerle a tiros. Estoy seguro que no descansará hasta que no tenga al maldito entre las rejas, Julio. Y yo tampoco descansaré. Lo buscaré y le sacaré cada uno de los dientes, si Román supiese, Julio, que fui yo. Si Román supiese que fuiste tú, José Manuel. Te partiría la madre. No esperaría menos de él.

María Gabriela siempre fue una puta, José Manuel. Te lo dije. Esa noche me rascó, me mezcló el whisky con el vodka y le echó cenizas de cigarro mientras no veía. Y yo qué voy a hacer medio inconsciente, mientras ella me metía la lengua por la oreja y me decía que era Adriana, porque me conocía. Sabes que todavía extraño a Adriana. Me usó, todo para demostrar que eras un pelele, José Manuel. Pero nos descubriste y no me diste la oportunidad de explicar. ¿Es que eso es lo que valía nuestra amistad? ¿Un hola y un tiro para el que te ayudó a entrar a la policía? ¿Para el que se caló todos tus peos existenciales? Bonita forma de pagar 15 años de consejos. Tremendo amigo. Es una lástima que nos pase esto a nosotros, amigas y amigos, que uno de los nuestros caiga a manos del hampa, que lo encuentren en medio de una calle tirado, con la lluvia corriendo por sus caídos cabellos, sin sus pertenencias, que hayan tirado la cédula al lado para que lo pudieran reconocer. Es una lástima que nuestros cuerpos de seguridad todavía no hayan encontrado al asesino, a ese vil ser que nos dejó sin Julio, un hombre excelente, intachable, un hombre de bien, un traidor al fin y al cabo, pero por qué me duele tanto si me traicionaste cuando más confié en ti, Julio. Te dejo en el bar para que me vigiles a María Gabriela, para que la llevaras a la casa cuando se acabara la maldita despedida de soltera, y te encuentro con ella en la cama. Y el olor a caña. Coño, el olor a caña.