Babel Digital domingo, enero 21, 2007 |
Los dos asuntos principales que convierten esta afirmación por lo mínimo optimista en una falacia vienen directamente relacionados a la materia prima de las comunicaciones: el lenguaje. En el primero de los asuntos, no se trata del lenguaje per se, sino de los modos del lenguaje o, mejor dicho, de los idiomas. Navegar por la Red buscando algún producto de manufactura masiva o alguna fuente de software “pirateado” y de descarga gratuita, terminará, inevitablemente, por llevarle a alguna página Web en chino –lo cual no representa un problema si verdaderamente habla chino. Más aún, si no se tiene soporte para mostrar caracteres orientales, ni los caracteres en chino podrá ver. Igualmente, cuando busque cualquier tipo de información en español terminará también, inevitablemente, en alguna página Web escrita en inglés –sea por falta de traducción o por la inexistencia de la información particular en alguna lengua latina. Por supuesto, la utilización del inglés como el principal idioma de la Red ha paliado algunos problemas, pero ¿hablan todos los habitantes del planeta Tierra inglés? Ya allí se crea la primera barrera para la considerar la “universalidad” del Internet.
En aras de solventar este problema de barreras idiomáticas, han surgido iniciativas interesantes. Una de ellas justamente es el “Babel Fish” (http://babelfish.altavista.com/), una herramienta que permite traducir al idioma deseado cualquier página Web que se visualice con el navegador. No obstante, la traducción “a máquina”, basada en el significado literal de las palabras, ha probado ser fructífera para dar a entender –y sólo utilizando el sentido común- el significado de un texto en otro idioma, puesto que la gramática, los modismos regionales y el uso figurativo de ciertas expresiones son pasados por alto por la traducción mecánica. Así, tratar de pasar de inglés a español alguna página escrita por un adolescente norteamericano podría, antes de facilitar su entendimiento, causar un ataque de risa monumental.
Es este punto, el de los modismos y el uso figurado del idioma, el segundo que impide la verdadera comunicación plena en el Internet. No basta sólo el conocimiento instrumental del idioma: hay que conocer cómo se utilizan ciertas expresiones, para significar otras realidades que no son las literalmente explicadas. Ejemplos de ello florecen sobre los ladrillos de la cultura popular: hablar de una “zorra” en España como si se hablase de un ser humano no es especialmente una muestra de cariño hacia alguna mascota. Sin embargo, el turista alemán promedio podría creer que es así porque sólo es capaz de captar el sentido literal de las palabras.
Esta tendencia se exacerba cada vez más, especialmente con la creación “electrónica” de pequeños grupos de afiliación que manejan códigos particulares: puede que estén empleando el idioma español, inglés, chino o malayo, pero la utilización y el significado que le dan a frases o palabras que en códigos sociales mucho más amplios se interpretan de forma distinta, hacen de la comunicación una peripecia. Si no cree que eso suceda así y si es de una generación que nació antes de 1980, haga el intento y entre a cualquier foro de jugadores de rol (o fanáticos del RPG), a algún sitio de discusión sobre Anime (animación japonesa) o simplemente ábrase un MySpace. Le aseguro que, aunque crea que habla español, no entenderá ni la cuarta parte de lo que se le teclea.
De esa forma, bajo la premisa de comunicarnos todos los seres humanos de forma eficiente y perpetua, asistimos a la diversificación del lenguaje, a la proliferación de los códigos inexpugnables y a estar imposibilitados de comunicarnos incluso en nuestro mismo idioma. Asistimos entonces, y con butacas frontales, a la construcción de una nueva torre de Babel, pero esta vez en formato digital.
